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El impacto de la economía del cuidado en el crecimiento del Perú: Retos y soluciones para 2026
Economíacalendar_today28 de junio de 2026schedule8 minpersonEquipo ESEDU

El impacto de la economía del cuidado en el crecimiento del Perú: Retos y soluciones para 2026

En el panorama económico actual del Perú, la discusión sobre el crecimiento sostenible ha tomado un giro necesario hacia la inclusión estructural. A medida q...

En el panorama económico actual del Perú, la discusión sobre el crecimiento sostenible ha tomado un giro necesario hacia la inclusión estructural. A medida que nos adentramos en el segundo semestre de 2026, queda claro que las cifras macroeconómicas no pueden desligarse de la realidad social que viven millones de mujeres en el país. La participación laboral femenina no es solo una cuestión de equidad o justicia social, sino un pilar fundamental para la reactivación económica y la competitividad nacional. Sin embargo, persisten barreras invisibles pero potentes que limitan el potencial de la fuerza de trabajo femenina. Estos obstáculos, conocidos técnicamente como el 'techo de cristal' y el 'piso pegajoso', configuran un escenario donde el talento se desperdicia debido a estructuras sociales y económicas obsoletas. La necesidad de una agenda urgente que reconozca la economía del cuidado como una política económica de Estado es más evidente que nunca, especialmente bajo el liderazgo de la primera presidenta del país, quien enfrenta el desafío de transformar estas dinámicas históricas en oportunidades de desarrollo real para todas las peruanas.

El concepto del techo de cristal en el mercado laboral peruano

El término 'techo de cristal' se refiere a aquellas limitaciones invisibles que impiden a las mujeres altamente calificadas ascender a los niveles más altos de la jerarquía corporativa y política. En el Perú de 2026, a pesar de los avances en educación superior donde las mujeres representan una proporción significativa de los graduados, su presencia en directorios y gerencias generales sigue siendo desproporcionadamente baja. Esta barrera no se debe a una falta de capacidad o ambición, sino a prejuicios arraigados y estructuras organizacionales que todavía asumen un modelo de trabajador 'ideal' que no tiene responsabilidades domésticas. La falta de flexibilidad laboral y la persistencia de redes de contactos predominantemente masculinas actúan como filtros que detienen el progreso profesional femenino. Superar este techo requiere no solo de leyes de cuotas, sino de un cambio cultural profundo en el sector privado y público, donde se valore el liderazgo basado en resultados y competencias, eliminando los sesgos que penalizan la maternidad o el uso de licencias de cuidado. La economía peruana pierde eficiencia cuando las decisiones estratégicas son tomadas sin la diversidad de perspectivas que las mujeres aportan al más alto nivel.

El piso pegajoso: La realidad de las tareas domésticas no remuneradas

Mientras el techo de cristal afecta a quienes ya están en la carrera profesional, el 'piso pegajoso' es una realidad que atrapa a millones de mujeres en la base de la pirámide económica, impidiéndoles siquiera ingresar al mercado laboral formal. Este fenómeno está directamente relacionado con la carga desproporcionada de tareas domésticas y de cuidado no remuneradas. En el Perú, las mujeres dedican significativamente más horas a la semana que los hombres a cocinar, limpiar y cuidar a niños o adultos mayores. Esta 'pobreza de tiempo' limita sus posibilidades de capacitación, búsqueda de empleo o emprendimiento. El piso pegajoso se manifiesta en la alta informalidad laboral femenina, donde muchas optan por trabajos precarios que les permitan cierta flexibilidad para cumplir con sus roles tradicionales de cuidado, sacrificando estabilidad, seguridad social y salarios dignos. Sin una intervención estatal que redistribuya estas cargas, el ciclo de pobreza y exclusión se perpetúa, afectando no solo a las mujeres actuales sino también a las futuras generaciones que ven limitado su entorno de desarrollo por la falta de ingresos autónomos en el hogar.

La primera presidenta tiene una agenda urgente: reconocer la economía del cuidado como política económica, ampliar servicios públicos de cuidado infantil y rediseñar programas de empleabilidad con enfoque de género.

La economía del cuidado como motor de desarrollo nacional

Reconocer la economía del cuidado como una política económica implica entender que el bienestar de la sociedad y el funcionamiento del mercado dependen del trabajo de cuidado. Si este trabajo se detuviera, la economía colapsaría. Por lo tanto, el Estado peruano debe transitar hacia un modelo donde el cuidado sea una responsabilidad compartida entre familias, mercado y sector público. Al invertir en infraestructura de cuidado, se generan múltiples beneficios: se crean empleos directos en el sector servicios, se libera tiempo para que las mujeres se inserten en actividades productivas y se garantiza un desarrollo infantil temprano de calidad. En 2026, la visión debe ser integral; no se trata de un gasto social, sino de una inversión con un alto retorno social y económico. La formalización de este sector permitiría además mejorar las condiciones laborales de miles de trabajadoras del hogar y cuidadoras que hoy operan en la sombra de la informalidad. Integrar la economía del cuidado en el PBI y en el diseño del presupuesto público es el primer paso para visibilizar su valor real y planificar un crecimiento que no deje a nadie atrás.

Propuestas para ampliar los servicios públicos de cuidado infantil

Una de las medidas más concretas y urgentes es la expansión y mejora de los servicios públicos de cuidado infantil, como el programa Cuna Más y otras iniciativas municipales. La cobertura actual sigue siendo insuficiente para la demanda real, especialmente en zonas urbanas periféricas y rurales donde la necesidad es crítica. Ampliar estos servicios no solo implica construir más locales, sino asegurar horarios extendidos que coincidan con las jornadas laborales modernas y garantizar estándares de nutrición y estimulación temprana. Además, se debe fomentar la creación de centros de cuidado en los lugares de trabajo, incentivando a las empresas privadas mediante beneficios tributarios o certificaciones de responsabilidad social. Al proporcionar un entorno seguro y educativo para los hijos, se reduce el estrés parental y se incrementa la productividad laboral. Esta política debe ir acompañada de un fortalecimiento de los sistemas de monitoreo para asegurar que la calidad del servicio sea uniforme en todo el territorio nacional, convirtiendo al cuidado infantil en un derecho ciudadano y no en un privilegio de quienes pueden costear servicios privados.

Rediseño de programas de empleabilidad con enfoque de género

Los programas de empleabilidad del Estado deben evolucionar para abordar las barreras específicas que enfrentan las mujeres. No basta con ofrecer cursos técnicos; es necesario integrar módulos de habilidades blandas, alfabetización digital y, fundamentalmente, servicios de soporte que permitan la asistencia a las capacitaciones. Por ejemplo, un programa de formación en programación o gestión empresarial para mujeres debe considerar el horario de las escuelas y ofrecer alternativas de cuidado durante las horas de clase. Asimismo, es vital orientar a las mujeres hacia sectores tradicionalmente masculinos pero con mejores remuneraciones, como la tecnología, la minería o la construcción, rompiendo la segregación ocupacional. El rediseño debe incluir también el fomento al emprendimiento femenino mediante el acceso a crédito preferencial y redes de mentoría. En 2026, la digitalización ofrece una oportunidad única para que las mujeres rurales accedan a mercados globales, pero esto requiere una capacitación dirigida que entienda sus contextos culturales y sus limitaciones de tiempo. La empleabilidad con enfoque de género es, en esencia, dar las herramientas adecuadas para que cada mujer pueda elegir su camino profesional sin las ataduras de los roles preestablecidos.

El rol de la primera presidenta en la agenda de género

La llegada de la primera presidenta al poder en el Perú marca un hito simbólico, pero su verdadero legado se medirá por la capacidad de implementar cambios estructurales en favor de la igualdad. Existe una expectativa legítima de que su gestión priorice las necesidades de las mujeres que han sido históricamente postergadas. Su agenda debe ser valiente al enfrentar sectores conservadores que ven las políticas de género como una amenaza, demostrando con datos que la igualdad es rentable para el país. La articulación entre los ministerios de Economía, Trabajo y Mujer es crucial para que las políticas de cuidado no se queden en buenas intenciones, sino que cuenten con presupuesto asignado y metas claras de cumplimiento. El liderazgo presidencial es fundamental para convocar al sector empresarial y a la sociedad civil en un pacto nacional por el cuidado y la equidad. Si se logra institucionalizar estas reformas, el Perú podría convertirse en un referente regional de cómo la perspectiva de género puede transformar una economía en desarrollo, asegurando que el crecimiento sea inclusivo y resiliente ante futuras crisis.

Desafíos para la implementación de políticas de cuidado en 2026

A pesar del consenso técnico sobre la importancia de estas medidas, los desafíos para su implementación son considerables. El principal obstáculo es el espacio fiscal; en un contexto de recuperación económica, la asignación de recursos para nuevos servicios públicos compite con otras urgencias nacionales. Sin embargo, es necesario replantear el gasto público bajo una lógica de eficiencia: invertir en cuidado reduce costos futuros en salud y seguridad, y aumenta la recaudación tributaria al formalizar a más trabajadoras. Otro reto es la descentralización; asegurar que las políticas lleguen a las regiones más alejadas requiere una coordinación efectiva con los gobiernos regionales y locales, que a menudo carecen de capacidades técnicas. Finalmente, el desafío cultural es quizás el más persistente. Desmontar la idea de que el cuidado es una tarea 'natural' de las mujeres requiere campañas de sensibilización masivas y una educación que promueva la corresponsabilidad desde la infancia. El camino hacia 2026 y más allá exige persistencia, innovación en la gestión pública y un compromiso inquebrantable con la idea de que un Perú próspero es aquel donde hombres y mujeres tienen las mismas oportunidades de soñar y trabajar.

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